Esta mañana lucía un sol tibiamente hermoso. Lo estaba disfrutabdo intensamente mientras esperaba a mi hija y a mis nietos. Hoy ha sido un día importante para ellos, para nosotros.
Entonces, me pasó por delante un girón de pasado envuelto en harapos.
No podía ser ella. La mujer que pasaba no podía ser aquella señora que, aunque fuera mucho mayor que yo, veía hermosa desde mi recién estrenada adolescencia.
Me produjo una triste ternura descubrir, no sólo lo que había hecho con su cuerpo, sino con su vida, el tiempo.
Creo que no la había vuelto a ver desde aquellos años juveniles. No he ido viendo su declive progresivo y, quizás por eso, me ha sobrecogido tanto lo que la vida le ha hecho, lo que ella le ha hecho a su vida.
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