Me queda la palabra, es cierto,
pero qué escaso consuelo
en estos malos tiempospara la poesía.
Me queda la palabra, es cierto,
pero qué consuelo tan pequeño
en estos tiempos tan malos
para la disidencia,
para no militar con los ojos cerrados
tras una idea, contra una idea.
Me queda la palabra, es cierto,
pero me siento solo
muy solo con ella,
como con el paso cambiado
en los versos y en los sesos.
Aunque me queda la esperanza, es cierto,
la esperanza de que quizás, algún día,
se unirán los ecos
de estas palabras hoy solitarias,
decestos granos de arena insignificantes hoy
y empujarán en silencio
el enorme péndulo
del viejo reloj de la historia
para que vuelva sobre sus pasos
por no hacer mudanza en su costumbre.
Quizás sea esa ilusión
la que, a pesar de todo,
haga feliz este solitario, errático, viaje
en busca de la palabra exacta,
de la palabra que falta
en el mínimo hueco que tengo hoy
en el inmenso tapiz de la historia
que vamos tejiendo humildemente,
decisivamente, entre todos, cada día
desde el principio de los tiempos.
Jesús.
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