Hablas al gato
y yo soy incapaz
de hacerlo: gracias.
Jesús
Gracias: tú hablas
al gato y yo no puedo
más que admirarte.
Jesús.
Blog literario de Jesús Mejías (epegopo@gmail.com)
Hablas al gato
y yo soy incapaz
de hacerlo: gracias.
Jesús
Gracias: tú hablas
al gato y yo no puedo
más que admirarte.
Jesús.
Me enternece oír a mi mujer
hablando a los animales
con ese cuidado.
Me miro en el espejo
y me enternece mi incapacidad
de hablar a los animales
con ese cuidado.
Me emociona sentir,
a través de mis seres queridos,
toda esa sensibilidad
que la vida me ha negado.
Jesús.
Aunque no lo sabemos,
mañana nos espera la vida
para seguir latiendo en nosotros; así,
como si hubiera un sentido que encontrarle,
como si hubiera un "para qué" más allá
que el de ser parte de este inmenso
pulmón de la historia.
Y, sin embargo, sigue siendo ilusionante
vivir con un propósito, jugar a darle sentido
a todo esto, como si lo tuviera.
Jesús.
Y sí, los poemas empiezan siempre con "Y",
aunque no la escribas.
Y es que todo es continuidad,
todo es suceder, seguir a lo que fue,
anteceder a lo que llegará después,
inevitablemente;
todo es causa ... y consecuencia
de lo que ocurrió, en los versos, ...
y en el texto de la vida.
Jesús.
Acabo de leer toda la crueldad del mundo encerrada en las páginas de un libro.
Cierro el libro con todo el dolor del que el alma es capaz. Levanto los ojos, y me abraza la luz suave de este mediodía de primavera, el verdor que se mece amable en las ramas de los árboles, el trino de los pájaros que parecen querer alegrar mis ojos.
Me alcanza el leve perfume de las lilas y de las rosas, que desciende con cada respiración lenta hasta lo más hondo.
Y todo ello, a la vez, se me funde dentro y me empuja a seguir.
Jesús.
Hoy quiero quitarme las gafas,
ver el mundo sin filtros,
quitarme los sombreros,
la crema de la piel.
Quiero borrar las barreras
al abrazo, a la risa,
al tellamo, tevisito, ... al tequiero.
Quiero notar el aire en los poros,
el sol en mi cuerpo,
el agua salada.
Quiero sentir la piel de los míos,
la burla, la carcajada;
apostar el corazón en el amor,
aunque resulte herido.
Hoy quiero sentir
la plenitud imperfecta del mundo,
que me hiera la vida,
no que me proteja.
Jesús.