domingo, 30 de agosto de 2026

La ternura infinita de aquel gesto inocente

 Fue un hermoso día de finales de junio. Un día caluroso que hicimos hermoso queriéndonos sin darnos demasiada cuenta de ello entonces.

Sofocábamos el calor del incipiente verano y alargábamos el final inminente de aquella aventura de cinco años que anunciaba su fin.

Una piscina en el campo, entre naranjos, nos sirvió para hacernos creer que seríamos capaces de vencer al tiempo y que sabríamos encontrar la fórmula para que aquellos días no terminaran jamás. 

Las bromas, las sonrisas y los abrazos, que en el fondo sabíamos que eran los penúltimos, se convertían en el sortilegio con el que nos conjurábamos contra lo irreversible. 

Entonces los vimos a ellos. K sostenía a J por el abdomen enseñándolo a nadar. Todos nos reímos, seguramente, porque nos dimos cuenta de la ternura infinita que había en aquel gesto inocente. Todos bromeamos entonces, quizás, porque con aquellos apenas veinte años hacía falta alguna cerveza más para atrevernos a ver de frente tanto cariño inocente. Y porque, quizás, todos vimos en aquel gesto simbolizada la pureza de nuestras relaciones, la fragilidad de nuestras relaciones frente a la maquinaria insensible del tiempo. Y aquel día de alegría no estábamos dispuestos a admitirla.

Jesús.

miércoles, 26 de agosto de 2026

ATARDECER EN EL CAMPO.

Se va adormeciendo 

a esta hora la luz del sol.

Un manto de serenidad 

se va apoderando

del sonido y el bullicio del día.


Jesús.

Amaneceres únicos de cada día.

 La última oscuridad de la noche

se deja abrazar 

por las primeras luces del día. 


Me siento pequeño aquí, en el centro 

de la inmensidad de este abrazo; 

mecido por la luz, envuelto, ingrávido 

entre los sonidos de estas horas, 

llevado por la brisa, por la magia

de este instante único de cada día.


Jesús.


sábado, 8 de agosto de 2026

ME QUEDA LA PALABRA

Me queda la palabra, es cierto,

pero qué escaso consuelo

en estos malos tiempos
para la poesía.

Me queda la palabra, es cierto,
pero qué consuelo tan pequeño
en estos tiempos tan malos
para la disidencia,
para no militar con los ojos cerrados
tras una idea, contra una idea.

Me queda la palabra, es cierto,
pero me siento solo
muy solo con ella,
como con el paso cambiado
en los versos y en los sesos.

Aunque me queda la esperanza, es cierto,
la esperanza de que quizás, algún día,
se unirán los ecos
de estas palabras hoy solitarias,
decestos granos de arena insignificantes hoy
y empujarán en silencio
el enorme péndulo
del viejo reloj de la historia
para que vuelva sobre sus pasos
por no hacer mudanza en su costumbre.

Quizás sea esa ilusión
la que, a pesar de todo,
haga feliz este solitario, errático, viaje
en busca de la palabra exacta,
de la palabra que falta
en el mínimo hueco que tengo hoy
en el inmenso tapiz de la historia
que vamos tejiendo humildemente,
decisivamente, entre todos, cada día
desde el principio de los tiempos.


Jesús.

Fundido al amanecer.

 Llevo días viéndote alzar el vuelo

siempre igual, distinta siempre

me llenas y me elevas,

me extiendes, ondulando suave,

sobre la tenue niebla

que se tiñe de todos los olores,

que huele a todos los colores

en los que me disuelves

con todos los sonidos,

con todos los sentidos

fundidos cada mañana.


Jesús

domingo, 7 de junio de 2026

Un final cualquiera

Entonces vi

que, pasado el tiempo,

ya sólo me necesitabas

para encontrarte, para explicarte,

para definir tus límites.


Entonces, se abrió lentamente

el dique que encierra

ese universo privado

que el amor siempre necesita.


Entonces, fue bonito también,

bonito y triste,

ver cómo poco a poco, muy poco a poco,

se nos desangraba entre las manos

amablemente cogidas.


Jesús.

sábado, 6 de junio de 2026

CAMPO DE GIRASOLES

Me gusta ver cada mañana

este ejército de girasoles

que se extiende loma abajo

hasta las puertas de Marchena.


Me gusta verlos

levantando sus cabezas

unidos, a la vez,

hacia las primeras luces del día.


Me gusta ver sus movimientos

acompasados, en silencio,

y cómo se hacen fuertes

uno junto al otro frente al viento.


Me gusta verlos trabajar

sin palabras, sin mirarse siquiera,

pero unidos en su misión

de proteger el grano 

hasta su último aliento.


Jesús.