Creo que toda su historia la tendría que haber contado Juan Luis en primera persona, porque por mucho que nos haya hablado sobre ella, yo echo de menos continuamente los detalles de lo que él sintió en cada momento, echo de menos que lo realmente importante sean sus sensaciones, sus pensamientos ante todo aquello. Pero, desde luego, como sé todo lo que supondría la llegada de Ángel a la vida de Juan Luis, todo lo que supondrá Ángel para él durante toda su vida, es aquí donde más echo de menos lo que pasaba por la cabeza y por las entrañas de Juan Luis en ese momento ¿Cómo se puede contar desde fuera esa mezcla de alegría, temor, inquietud, de la que él nos habla cada vez que cuenta el instante en que Ana se pone de parto? ¿cómo puedo poner la palabra yo al trayecto hasta la casa de doña Conchita, la matrona?, ¿a la noche con Paco y los padres de ella entre el patio y el comedor, entre la cocina y la ventana del dormitorio?, ¿cómo se llama esa ternura única que él sintió al ver a su mujer y a la matrona dormidas en la cama, juntas, cuando el parto se paró?, ¿cuál fue la razón que le hizo ír varias veces al corral para sentarse bajo la higuera inmensa, como buscando su protección, buscando respuestas, buscando ni él sabe bien qué?, ¿cómo se llama, cuál es la palabra o la frase que nos puede dar una idea de lo que él busca allí, como el que busca a los espíritus del bosque?, ¿qué expresión puedo encontrar que refleje la alegría, la emoción, la ternura de ver por primera vez a su hijo, de tenerlo por primera vez en brazos como si sintiera, en ese momento, a todos los Mendoza y a todos los Arenas de su historia, no resumidos, sino fundidos en aquellos pocos kilos que sostenía entre los brazos?, ¿cómo contar el tiempo infinito que es capaz de ver en ese instante delante de ellos dos pasando de sus brazos a los de Ángel?
Pero no lo hemos conseguido ninguno, y mira que se lo hemos dicho casi todos. Él siempre responde que a él no lo saquemos de cosas cortas: algún poemilla, alguna carta, alguna anotación en su diario. Menos mal que me deja echar un vistazo de vez en cuando a esos papeles; si no, difícilmente hubiera podido terminar este capítulo así, acercando vagamente lo que escribo a la intensidad, a la verdad de ese mundo tan hermoso que se esconde muchas veces en Juan Luis; aunque es humano, ya lo sabemos, y por tanto no es perfecto, sólo se acerca a veces, a cosas que nos gustan mucho.
Jesús.