Se va adormeciendo
a esta hora la luz del sol.
Un manto de serenidad
se va apoderando
del sonido y el bullicio del día.
Jesús.
Blog literario de Jesús Mejías (epegopo@gmail.com)
Se va adormeciendo
a esta hora la luz del sol.
Un manto de serenidad
se va apoderando
del sonido y el bullicio del día.
Jesús.
La última oscuridad de la noche
se deja abrazar
por las primeras luces del día.
Me siento pequeño aquí, en el centro
de la inmensidad de este abrazo;
mecido por la luz, envuelto, ingrávido
entre los sonidos de estas horas,
llevado por la brisa, por la magia
de este instante único de cada día.
Jesús.
Me queda la palabra, es cierto,
pero qué escaso consuelo
en estos malos tiemposLlevo días viéndote alzar el vuelo
siempre igual, distinta siempre
me llenas y me elevas,
me extiendes, ondulando suave,
sobre la tenue niebla
que se tiñe de todos los olores,
que huele a todos los colores
en los que me disuelves
con todos los sonidos,
con todos los sentidos
fundidos cada mañana.
Jesús
Entonces vi
que, pasado el tiempo,
ya sólo me necesitabas
para encontrarte, para explicarte,
para definir tus límites.
Entonces, se abrió lentamente
el dique que encierra
ese universo privado
que el amor siempre necesita.
Entonces, fue bonito también,
bonito y triste,
ver cómo poco a poco, muy poco a poco,
se nos desangraba entre las manos
amablemente cogidas.
Jesús.
Me gusta ver cada mañana
este ejército de girasoles
que se extiende loma abajo
hasta las puertas de Marchena.
Me gusta verlos
levantando sus cabezas
unidos, a la vez,
hacia las primeras luces del día.
Me gusta ver sus movimientos
acompasados, en silencio,
y cómo se hacen fuertes
uno junto al otro frente al viento.
Me gusta verlos trabajar
sin palabras, sin mirarse siquiera,
pero unidos en su misión
de proteger el grano
hasta su último aliento.
Jesús.
Algunos días,
doña Concha y doña Pepita
nos hacían echar la cabeza
en el pupitre a la hora de la siesta.
Una de ellas
nos leía un cuento con voz suave
mientras la otra
tomaba el café con doña Emilia.
En aquel momento,
el colegio desaparecía y surgían
el bosque, los animales,
los días luminosos del invierno.
Entre noticias feas,
hecho ahora la cabeza sobre mi mesa
y reviven en mí
todas las cosas hermosas del mundo.
Jesús.