Me gusta ver cada mañana
este ejército de girasoles
que se extiende loma abajo
hasta las puertas de Marchena.
Me gusta verlos
levantando sus cabezas
unidos, a la vez,
hacia las primeras luces del día.
Me gusta ver sus movimientos
acompasados, en silencio,
como si se hicieran fuertes
uno junto al otro.
Me gusta verlos trabajar
sin palabras, sin mirarse siquiera,
pero unidos en su misión
de proteger el grano
hasta su último aliento.
Jesús.
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