La última oscuridad de la noche
se deja abrazar
por las primeras luces del día.
Me siento pequeño aquí, en el centro
de la inmensidad de este abrazo;
mecido por la luz, envuelto, ingrávido
entre los sonidos de estas horas,
llevado por la brisa, por la magia
de este instante único de cada día.
Jesús.
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