martes, 11 de marzo de 2014

El señor de la gasolinera.
Era por la tarde, el día nos regalaba una luz muy hermosa. Íbamos en un Renault 4 tu madre, tus hijos, tu hermano, tú y yo. Paramos a poner gasolina. El ambiente dentro del coche era de risas y de buen humor.
El señor de la gasolinera se acercó al coche, se quedó mirando dentro y sonriendo. Entonces, la sonrisa de aquel hombre me hizo darme cuenta del gozo, me hizo ser consciente de lo felices que éramos en aquel momento.

A veces ocurren estas cosas, uno no sólo es feliz sino que es consciente de que lo es, de cuánto lo es en ese preciso instante, de cuánto comparte con todos y, especialmente, con los que tiene cerca. En esos momentos, es como si uno fuera consciente de todos los momentos de su vida en que se dio cuenta, en el instante, de lo feliz que era; como si se sumergiera en una corriente profunda que siempre está ahí, que siempre estuvo ahí, haciéndonos partícipes del Todo, arrastrándonos hacia delante y hacia atrás y que sólo algunas veces, por un momento, aflora y nos permite gozarla.

lunes, 13 de enero de 2014

Una tarde sencilla y hermosa.


Me resultó tan agradable sentir el calor tibio con el que me recibió la casa al volver del frío de la calle.

Esta tarde estuve paseando. El frío del aire me hacía sentir más mi cuerpo, me lo hacía sentir más vivo.

La luz parecía haberse limpiado con las bajas temperaturas, como si sus impurezas se hubieran congelado y hubieran caído al suelo haciéndolo todo más nítido.

Me gustó ir entre la gente y ver tantas caras sonrientes. Esta tarde parecía haber desaparecido la gente desagradable o, quizás, mi intento de quererlos también a ellos me hizo verlos de otra manera.

Estuve un rato voluntariamente cerca de dos muchachos con síndrome de down, oyendo sus conversaciones. Hablaban animadamente sobre el peluquero al que iba uno de ellos y se notaba que eso bastaba para hacerles profundamente felices en aquel momento. Me acordé de sus padres y también de sus hermanos; a mi manera, creo que conseguí sentirlos.

Ha sido una tarde sencilla y hermosa. La luna sale ahora muy temprano y me gustó verla todo el tiempo ahí arriba, ver cómo se iba haciendo según avanzaba la noche.

Me gustó sentir entonces, especialmente, a los que más quiero.

Al volver, me resultó tan agradable sentir el calor tibio con el que me recibió la casa.

Ha sido una tarde sencilla y hermosa esta tarde.


Jesús.

domingo, 24 de junio de 2012

La respiración, el sueño.


Que mi respiración proteja tu sueño,
que tu respiración proteja mi sueño

como la noche
que envuelve lentamente el bosque,

como el arroyo
que lo acompaña continuamente
sin ser notado,

como el rumor del aire
que jugando con sus ramas
lo serena.

Como la noche
que envuelve lentamente el bosque,

que tu respiración proteja mi sueño,
que mi respiración proteja tu sueño.

Jesús.
22 de junio de 2012.

domingo, 27 de mayo de 2012

La conocí en internet.

La conocí en internet. En una de esas páginas en que se buscan esas personas que siempre se supieron distintas y que ahora, con el paso de los años, se permiten reconocérselo. No quería enamorarme. Quería protegerme. No quería volver a sufrir por amor. Me pareció agradable su conversación. Nos escribimos varias veces. Yo notaba que tenía ganas de que llegara esa hora en la que, sin que hubiésemos quedado previamente, los dos sabíamos que seguramente estaríamos conectados. Poco a poco fuimos conociendo cada uno más cosas del otro. Me gustaba lo que iba descubriendo de esa mujer; pero no quería pensar que era alguien especial, que era distinta, porque sabía que eso es lo que siempre se piensa cuando se empieza a conocer a alguien así. Comencé a imaginármela. Tenía ganas de conocerla físicamente. Me empezó a gustar tanto hablar con ella que comencé a temer que hubiera algo en ella que no me gustara. Había temido algo parecido con su voz antes de que habláramos por teléfono, pero esa prueba la pasamos satisfactoriamente. Es curioso, empecé a pensar que esto se parecía a una carrera por etapas; o, quizás,más, a una oposición. La primera prueba, esa en que se trata de ver si hay gustos o aficiones comunes, si los valores del otro te gustan, … y otras cosas muy generales, la habíamos superado bien. El tipo de conversación, las bromitas, algunos detalles biográficos, … también parecían haber ido bien. Así que, aprobado el primer ejercicio, superada la primera etapa, nos enfrentamos a la segunda. ¿Tendría una voz de pito que me echaría para atrás?, ¿habría algo en la mía que le resultara especialmente desagradable? Recordé entonces lo ridícula que me parecía mi voz cuando la escuchaba en las primeras grabaciones de casete que nos hacíamos de niño, pero intenté quitarme de la cabeza aquella imagen: supongo que mi voz, como mi cuerpo habrá ido cambiando con los años. Además, nadie me ha dicho nunca que le resulte desagradable y, supongo, que, aunque no te lo digan, esas cosas se terminan sabiendo, como sé que tengo las orejas grandes o la nariz, son cosas que uno termina aceptando como partes de uno, de lo que es. Además, no pasaba nada si esta historia no seguía adelante. Yo no estaba enamorado y habría muchas personas en esa página o en otras similares con las que podría hablar un rato por las tardes y, quizás, ir al cine o a cenar algún día. Sin embargo, uno tiene siempre una cierta sensación de fracaso cuando pasa algo que no deseas que ocurra. De todas formas, todo fue bien. Su voz era dulce, relajante. Su ritmo, … , todo en fin, me gustó. La mía a ella, también. Así que añadimos, esporádicamente, las llamadas de teléfono a nuestras conversaciones escritas en la pantalla. La segunda prueba, la segunda etapa, parecía superada también y resultaba inevitable no hacerse algunas ilusiones sobre aquella relación que estaba recién nacida; pero que ya se iba asentando sobre la tierra, iba cobrando vida, teniendo entidad propia. Con esto, me volvió esa vieja certeza de que cada relación es única, que saca algo nuevo de nosotros, algo que tiene que ver con lo que nos une a esa nueva persona que ha aparecido, que se nutre de la suma de los dos, y la otra persona, claro, siempre es distinta, nunca es la misma. Fue entonces cuando empecé a insistirle en que me enviara una foto. Me había contado alguna cosa sobre cómo era, pero había algo en este asunto que me inquietaba. ¿Por qué se resistía tanto a enviármela?, ¿o era normal que se resistiera un poco a ello? Además, cada vez me rondaba la cabeza más una idea nueva: ¿cuál es el momento de contar las cosas que tememos que el otro conozca de nosotros?, ¿Contaríamos los primeros días que nos falta una pierna a riesgo de que la otra persona no nos diera siquiera la oportunidad de conocerla?, ¿Era honesto guardarse un detalle como ese y contarlo cuando la otra persona empezara a estar de alguna manera entusiasmada?, ¿Era de eso de lo que se trataba?, ¿De contar esas cosas menos agradable cuando contáramos ya con una cierta ventaja?, ¿Y si no era algo físico, por ejemplo, he sido drogadicta, delincuente? Era como si ya empezara a sentir que me costaba resistirme a la posibilidad de que me pudiera enamorar de esa mujer. Esa mujer de la que tanto me gustaba todo lo que conocía, con la que tanto me gustaba hablar, a la que quería seguir conociendo con tantas ganas. Y me volvía la idea del físico, ¿cuándo le contaría yo esas cosas si tuviera alguna que contarle?, ¿le hubiera contado yo los primeros días que me faltaba una pierna, que había sido drogadicto, que había estado en la cárcel? Yo lo que quería ya era conocerla en persona, tomar un café con ella, almorzar, cenar, … Cuidado, no te entusiasmes, me decía, que no la conoces aún físicamente. No conoces su olor, sus ojos, el color de su piel, su pelo, su peso, … En esos momentos, son tantas las cosas que se le ocurren a uno que pueden resultarnos desagradables. Yo no era muy exigente en el físico, siempre pensé que cuando uno se enamora de alguien, basta con que el físico no estorbe para que uno vea hermosa a la otra persona, para que uno la vea físicamente atractiva, porque al final uno ve al otro en conjunto, el físico se convierte en la forma que adopta todo eso que hay en el otro y que tanto nos gusta, sus ojos, su boca, su sonrisa, traducen las ideas, los sentimientos. Los brazos, las piernas, el cuerpo en general, se mueve al dictado de las sensaciones y es difícil no enamorarse de un cuerpo que lleva dentro todo eso que nos gusta tanto. Pero es verdad, que el cuerpo debe no estorbar, porque cada uno tiene una serie de defectos, de características sería mejor decir, que le resultan especialmente desagradables, que lo echan para atrás y que, muchas veces, otra persona no comprende: ¿cómo puede desagradarte tanto eso?, decimos a veces a algún amigo cuando nos lo cuenta. ¿Por qué no me envías una foto?, ¿por qué te resistes tanto a que te vea?, ¿no te preguntas tú cómo seré yo?, ¿no tienes tú esas mismas inquietudes conmigo?, me preguntaba, le preguntaba yo cada vez con más insistencia. Era verdad que se resistía, pero siempre con una sonrisa tranquila que parecía no traducir una especial inquietud en ella por nada de esto. No parecía temer nada. Pero, entonces, ¿por qué…? Finalmente, llegó el día. Me dijo algo que me aclaró todas las dudas, que me dejó completamente desconcertado: -¡Ay, querido! En el amor, los videntes, estáis tan limitados… Jesús. Mayo de 2012.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Todo eso que tú eres.

No,
no es sólo que me parezcas bella,
no;
no es sólo eso.

Es que …
¡es tan hermoso
que tu cuerpo te tenga!,
¡es tan hermoso verlo!

¡Es tan hermoso que en tu cuerpo,
transparente,
pueda yo ver
todo eso que tú eres!

¡Es tan hermoso soñar
que en tu carne
pueda yo un día
acariciar
todo eso que tú eres,
y que yo tanto quiero!


¡Es tan hermoso oír
en tu risa, en tu voz,
fluir por el aire
todo eso que tú eres!

¡Es tan hermoso soñar
que un día
tú busques
en mi carne
acariciar
todo eso que yo soy.

¡Es tan hermoso intentar,
cada día,
que mi carne,
transparente,
te deje ver
todo eso que yo soy
y que tanto te quiere!



Jesús.

martes, 22 de noviembre de 2011

Me besaste.

- Hasta el lunes,
guapa.
Te dije,
mientras me iba
camino de la puerta.


Me volví.
Te cogí la mano.
Cerré los ojos
mientras la apretaba
con toda la dulzura de que era capaz.


Los abrí.
Y encontré
tus labios
tan cerca
de los míos...


Me besaste
o te besé ... :
nos besamos.


Noté que despertaba
y te abracé
con todas mis fuerzas
para traerte
al otro lado del sueño.

Abrí los ojos
y junto a mí sólo estaba
tu vacío
tan lleno
por la plenitud del beso.


Entonces
lo entendí todo,
la razón de tanto sufrimiento.
Todo
tenía sentido.


Jesús,
22 de noviembre de 2011.

Me besaste.

- Hasta el lunes, guapa.- Te dije, mientras me iba camino de la puerta.
Me volví. Te cogí la mano. Cerré los ojos mientras la apretaba con toda la dulzura de que era capaz.
Cuando los abrí encontré tus labios muy cerca de los míos.

Me besaste o te besé: nos besamos.

En ese momento noté que me despertaba y te abracé con todas mis fuerzas para traerte al otro lado del sueño.

Abrí los ojos y junto a mí sólo estaba tu vacío tan lleno por la plenitud de ese beso.

Entonces lo entendí todo. Comprendí la razón de tanto sufrimiento.

Ahora, todo había merecido la pena.

Jesús. 12-11-2011.